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Mantenimiento web: por qué no puedes abandonar tu página tras el lanzamiento

Schenier López
08 dic 2025 5 min
Mantenimiento web: por qué no puedes abandonar tu página tras el lanzamiento

El día que publicas tu web suele ser una mezcla de alivio y euforia: fotos elegidas, textos aprobados, todo encaja… y por fin puedes decir “ya tenemos web nueva”.

El problema es la frase que suele venir justo después: “Perfecto, pues ya está, web terminada”.

Y ahí es donde empiezan los malentendidos.

Una web no es un folleto que mandas imprimir y se queda igual para siempre. Detrás hay un sistema: un gestor de contenidos (WordPress u otro), extensiones o plugins, plantillas, formularios, conexiones con herramientas externas… Todo eso se actualiza, cambia, a veces falla y, de vez en cuando, se rompe.

Cuando “sueltas” la web en internet y te olvidas de ella, en realidad estás haciendo tres apuestas muy arriesgadas:

  • Que nunca habrá un problema técnico.
  • Que ningún atacante se fijará en tu sitio.
  • Que tu competencia también se quedará quieta.

La realidad es justo la contraria: habrá cambios, habrá intentos de ataque, y tu competencia seguirá moviéndose mientras tu web se queda congelada en el día del lanzamiento.

Cuando nadie mira tu web: lo que me encontré la primera vez que revisé una

Para que se entienda mejor, te cuento cómo empezó todo esto para mí.

En mis inicios yo trabajaba como mozo de almacén en una empresa. Nada de cargos rimbombantes, nada de “responsable digital”. Un día, simplemente, alguien dijo:

“Tú que controlas más de ordenadores, ¿por qué no te encargas de la web?”

Me dieron acceso y empecé a mirar. Lo que me encontré dentro fue un pequeño museo del abandono digital:

  • Páginas creadas para la descarga de pelis y juegos piratas que nadie de la empresa reconocía.
  • Enlaces raros repartidos por el menú y por el pie de página.
  • Plugins y módulos sin actualizar desde hacía años.
  • Una web que había perdido prácticamente toda su autoridad y visibilidad: antes posicionaba, ahora casi no aparecía.

Mientras esa web se quedaba parada y sin mantenimiento, otros sitios del sector seguían moviéndose: actualizaban, publicaban artículos, refrescaban sus contenidos.

¿Resultado? Ellos subían; esta empresa bajaba.

Esa experiencia me dejó dos ideas muy claras:

  1. Cuando nadie mira la web, alguien más la usará a su manera (aunque sea para colar contenido pirata).
  2. El abandono no solo se nota por dentro, también se nota en Google: una web que no se actualiza, pierde terreno frente a las que sí lo hacen.

Qué es de verdad el mantenimiento web mensual (más allá de los tecnicismos)

Cuando hablo de mantenimiento web mensual, no me refiero a un ritual secreto de informáticos con gafas gruesas. En la práctica es mucho más sencillo, pero exige constancia.

En mi caso, cuando acompaño a un negocio con su web, lo que hago gira alrededor de cuatro ideas:

Primero, mantener la base técnica sana. Eso implica ir revisando y actualizando el sistema y sus extensiones: el gestor de contenidos, los plugins, módulos, plantillas o como los llame la herramienta que uses. No es solo “darle al botón de actualizar”, es hacerlo con sentido: comprobar qué cambia, hacer copia de seguridad antes de tocar, y verificar que todo sigue funcionando.

Segundo, corregir los pequeños errores del día a día. Ese formulario que de repente deja de enviar, una página que se ve rara en móvil, un enlace importante que apunta donde no debe… Son cosas pequeñas, pero si nadie las revisa pueden costar leads y ventas sin que te enteres.

Tercero, adaptar los textos cuando tu negocio cambia. Es muy habitual que la web diga una cosa y el negocio haga otra: precios antiguos, servicios que ya no ofreces, horarios desactualizados. Dentro del mantenimiento entra también ir retocando esos textos y copys para que lo que el cliente lee sea lo que realmente ofreces hoy, no hace tres años.

Y cuarto, mantener la web respirando con contenido nuevo. Aquí entra la parte de blog: artículos que respondan dudas frecuentes de tus clientes, que expliquen mejor tus servicios, que te posicionen poco a poco en búsquedas relevantes. No hace falta publicar todos los días, pero sí marcar un ritmo que le diga a Google y a tus usuarios: “esta web está viva”.

Podríamos hacer una lista enorme de tareas técnicas, pero la idea de fondo es simple: el mantenimiento web mensual es lo que evita que tu página se oxide por dentro y se quede vieja por fuera.


¿Y si lo hago yo? El falso ahorro de olvidarte del mantenimiento

Esta pregunta sale casi siempre: “¿Y si lo hago yo? Total, solo es entrar y darle a actualizar de vez en cuando”.

Y ojo, hay cosas que tiene todo el sentido que hagas tú mismo:

  • Revisar si la web se ve bien en móvil y ordenador.
  • Probar de vez en cuando el formulario de contacto.
  • Pedir a un amigo o cliente que te diga si navega sin problemas.
  • Avisar si detectas algo raro o desactualizado.

El problema no es que tú no puedas tocar nada. El problema está en dos puntos:

  1. La constancia. Lo urgente del día a día del negocio se come siempre a lo importante pero no urgente. El mantenimiento suele caer en esa segunda categoría: “ya lo haré”. Y pasan los meses.
  2. El “¿y ahora qué?” cuando algo falla. Cuando un plugin rompe el diseño, o una actualización genera un error, o el servidor decide cambiar de versión… ahí ya no es cuestión de saber dónde está el botón de actualizar, sino de saber qué hacer después.

Cuando un cliente me dice “yo ya me apaño, no necesito mantenimiento web mensual”, lo que suelo pensar es algo así:

“El clic en actualizar es fácil, lo complicado viene el día que algo se rompe y tu web deja de ser visible o deja de captar contactos.”

Muchas veces, el supuesto ahorro de no tener a nadie haciendo mantenimiento se paga en forma de:

  • tiempo perdido buscando soluciones a la desesperada,
  • reputación dañada (sobre todo si aparece contenido raro en la web),
  • y oportunidades que no vuelven (formularios que no llegaron, clientes que no pudieron contactar).

Conclusión: tu web como sistema vivo (no como folleto estático)

Volviendo a aquella primera web que me dejaron gestionar cuando todavía estaba en el almacén: la empresa había hecho un esfuerzo inicial para tener presencia online… y luego la dejó ahí, sola, sin vigilancia ni cuidados.

El resultado con el tiempo fue:

  • contenido pirata insertado sin control,
  • pérdida de posicionamiento y autoridad,
  • y una web que ya no representaba a la empresa, ni en imagen ni en resultados.

Desde entonces, cuando hablo con negocios que están a punto de lanzar su nueva página, lo planteo así:

  • Publicar la web es abrir la puerta de tu negocio al mundo.
  • El mantenimiento web mensual es seguir pasando la escoba, revisar la cerradura y cambiar el escaparate de vez en cuando.

No se trata de vivir obsesionado con la parte técnica, ni de entender todos los detalles del gestor de contenidos que uses. Se trata de asumir que tu web es un sistema vivo que:

  • necesita actualizaciones periódicas para seguir siendo segura,
  • ajustes pequeños para reflejar cómo evoluciona tu negocio,
  • y contenido nuevo para que no se quede atrás frente a la competencia.

Puedes decidir hacerlo tú, puedes delegarlo, o puedes una mezcla de ambos. Lo único realmente peligroso es la tercera opción: no hacer nada y confiar en que, porque hoy se ve bien, siempre va a seguir igual.


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Sobre Schenier López

Schenier es ingeniero fullstack líder en WebAxiom y cuenta con más de una década de experiencia en la creación de aplicaciones web escalables y de alto rendimiento. Se especializa en frameworks de JavaScript y PHP moderno y escalable.